domingo, 29 de marzo de 2015

Hoy no hubo agua en todo el día



 Hace como 150 años, un mae que se llamaba Manuel Argüello Mora escribía artículos en los periódicos de la época. El mae era sobrino nada menos que de Juan Rafael Mora Porras, sí, el que era presidente cuando pasó toda la trama de William Walker y los filibusteros y Juan Santamaría y la quema del mesón y por eso el 11 de abril es feriado.  

Los escritos del mae recorrían esa frontera entre lo real y la ficción, entre lo que se supone que sí pasó y lo que más bien es invento del autor (del autor y sus loqueras, que hablan a través de él). Igual esa frontera no existe.

La vara es que últimamente ando enclochado con la escritura, entonces aquí estoy, ensayando a la manera de Argüello Mora. Y es que, sinceramente,  lo que me pasó hoy, y estas palabras que lo cuentan, no sé si son ficción o realidad. O ninguna, o las dos.

La vara es que me vine en bici desde Heredia.  ¿O sólo estoy imaginando que me vine en bici desde Heredia? Y llegué hecho picha de lo cansado. Me senté en el Parque España a la sombra de Juan Vásquez de Coronado y mandé unos mensajes a ver si dejaba guardada la bicicleta para seguir el resto del camino en bus, porque ya no echaba.

Y llegué a la casa y cuando voy de camino me llega un mensaje: lo sé porque me vibra en la bolsa del pantalón. Para momentos como ese es que uno chamaco aprendía a andar con una sola mano. El mensaje dice que hay una fiesta.

La vara es con música en vivo, con un artista que viene de Guatemala. Y que llegó caminando descalzo por estas aceras de Chepe. El mae hace música con game-boys. Sí, con esos nintendos portátiles, de los nuevos y de los viejos. Como si fuera el modelo me acuerdo que un compañero de la escuela que tenía uno lo llamaba “game-boy ladrillo”. Y así sonaba o así lo inventó mi delirio. Tal vez porque en un rincón de la casa había gente al chile jugando nintendo.  Ese juego que hay unos patos y usted tiene una pistola que apunta hacia la pantalla para matarlo y que un perro hecho de pixeles lo recoja.

Había luces que eran sensibles al sonido. Yo pensaba en una palabra: sinestesia.

Había una cerveza artesanal con el nombre “pixeleada”. Los maes tenían enchufado a un enfriador un tanque de oxígeno. Uno de los artesanos me explicó un montón de varas que no me acuerdo. O tal vez no me dijo nada.

Alrededor había una caterva de criaturas: humanoides con corbata (a veces con sotana), escupían palabras en el espacio. Había pájaros, monos, animales indescriptibles, una ballena, recuerdo un elefante tendido en el suelo. Todavía no se veía seca la sangre en las heridas de bala que lo habían matado. Todavía se escuchaba el estruendo de su cuerpo al caer.

Pero también había sonidos captados mediante cucharas y tenedores esparcidos por el piso con los que la gente podía jugar. Había un teclado que parecía normal. Había un teclado de compu que hacía música. Había juguetes convertidos en extrañas máquinas; un cable se conectaba a Melchor, uno de los reyes magos.

Cuando iba saliendo:

-La vara es que Juan Santamaría no existió. Lo inventaron los oligarcas para tramar a la población.

-¿Los oliqué?

Y en la pista los bomberos apagaban un incendio: unos cables mal pegados hicieron cortocircuito: ese chispero y cuatro casas quemadas. Esa gente hoy pasa frío.

Y no hubo agua en todo el día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario