Estas palabras tienen la
intención de poner en perspectiva algunos datos y juntar informaciones sueltas
para que personas no relacionadas directamente con lo que está sucediendo en Salitre
puedan entender la situación un poco mejor. Espero lograrlo.
Quizás lo primero que habría que tener en cuenta es que los pueblos indígenas son los ocupantes originales de estos territorios: de todo lo que
ahora se llama Costa Rica, de todo lo que ahora se llama América. Pero fueron
invadidos. Fueron asesinados, perseguidos, esclavizados, y les fueron
arrebatadas sus tierras. Los territorios en los que actualmente se ubican los
pueblos indígenas han sido los últimos pedazos de tierra en los que han podido
resistir.
Salitre es uno de los territorios indígenas que se ubican en
la zona Sur-sur de Costa Rica, en el cantón de Buenos Aires, provincia de
Puntarenas. En esa zona también se encuentran los territorios de Térraba,
Boruca, Curré, Cabagra y Ujarrás. En todos hay conflictos de tierras.
El Estado racista
En Costa Rica, desde la creación del Estado por un puñado de
oligarcas del Valle Central, pasando por la invención de la llamada “identidad
nacional”, se ha afianzado una negación de la existencia de pueblos
originarios. Incluso desde el punto de vista étnico, la población del centro
del país se considera “blanca”, es decir, de origen europeo.
Este racismo, transmitido de generación en generación, ve a
los pueblos indígenas como atrasados, ignorantes, sucios, tontos y salvajes, y
es el esquema mental que justifica las agresiones contra la población bribri de
Salitre, contra la comunidad de Térraba en 2012, y la discriminación que viven
diariamente las personas indígenas en el centro de salud, en la parada del bus
o en el mercado de Buenos Aires.
A nivel estatal, el racismo se manifiesta de muchas maneras.
Por un lado está el racismo caritativo que quiere ayudar a los “pobrecitos” a
salir del atraso en que viven, irrespetando sus culturas y su
autodeterminación. Bajo esa lógica, por ejemplo, el Estado otorga bonos de vivienda
para la construcción de cajas de cemento que no se adaptan a las necesidades y
usos de la gente de cada lugar.
Pero por otro lado está el racismo que ha mantenido
archivado durante 20 años el proyecto de Ley de Desarrollo Autónomo de los
Pueblos Indígenas, que ha sido formulado junto con los pueblos y que vendría a
consolidar un marco legal para el respeto a la autonomía de cada pueblo según
sus costumbres. La Asamblea Legislativa no sólo se ha negado a aprobar el proyecto
sino que mandó a desalojar violentamente una toma pacífica del Salón de
Beneméritos que mantenían representantes de distintos territorios el 9 de
agosto de 2010.
Marco legal
Ante la discriminación y maltrato que han sufrido los
pueblos originarios de este continente desde la invasión europea hace 500 años,
se la logrado el reconocimiento de derechos de los pueblos a nivel
internacional. De ahí que existe una Declaración de las Naciones Unidas sobre
Derechos de los Pueblos Indígenas y el Convenio 169 de la Organización Internacional
del Trabajo, los cuales han sido firmados por Costa Rica.
Estos convenios internacionales establecen que los pueblos
tienen derecho a mantener sus culturas, sus idiomas, sus religiones y sus
territorios.
En Costa Rica, la ley vigente actualmente es conocida como
la Ley Indígena de 1977. En dicha ley se establece que los territorios
indígenas son exclusivos para los pueblos indígenas, de manera que la posesión
de tierras por parte de una persona no indígena es ilegal.
Es importante mencionar que esa ley ya reducía los
territorios indígenas originales. En otras palabras, con esta ley el Estado les
arrebató numerosas hectáreas a los pueblos indígenas.
Pero ni siquiera esos territorios reducidos han sido
respetados y más bien han sido invadidos por finqueros y terratenientes
locales, así como por plantaciones trasnacionales con la complicidad de diversas entidades estatales.
Según la legislación vigente, el Estado debe expulsar a los
poseedores ilegales de fincas dentro de los territorios, a los cuales les
correspondería una indemnización si demuestran que adquirieron las tierras
antes de la ley de 1977.
Las recuperaciones
Sin embargo, el Estado costarricense no ha actuado. Por ese
motivo, y ante la falta de aprobación de la Ley de Autonomía Indígena, la
población bribri del territorio indígena de Salitre se ha decidido a recuperar
las fincas que están en manos de personas no indígenas para repartirla a los
legítimos propietarios del territorio.
Este proceso viene desarrollándose después de que representantes
indígenas fueron agredidos y desalojados de la Asamblea Legislativa en 2010. Desde
entonces, en distintos puntos del territorio, se han dado recuperaciones de
tierra.
Cuando los finqueros y terratenientes no indígenas se
apoderan de manera ilegal de terrenos, normalmente destruyen el bosque que
encuentren y, con frecuencia, destinan las tierras a la producción de ganado.
Esto tiene una serie de efectos en los ecosistemas y una de las principales afectaciones
es en el agua: al cortar la vegetación el caudal de los ríos y quebradas
disminuye y además se contamina a causa de los animales.
Las familias indígenas, en cambio, se posicionan en la
tierra como parte del ecosistema: cultivan la tierra para la alimentación pero
también cuidan el agua y el bosque porque reconocen que son parte de su
sustento.
Además, el arraigo a la tierra es parte fundamental de su
cultura. El idioma, las historias sagradas, el uso de plantas medicinales o
las formas de siembra, son conocimientos se transmiten en el campo, a partir de
una relación intensa con el entorno.
Agresiones impunes
Ante las recuperaciones de tierra, la reacción de los
finqueros y terratenientes no indígenas ha sido violenta. Al inicio fueron
insultos, agresiones con palos, intimidaciones con disparos al aire. Luego
fueron ataques cobardes en plena noche.
En enero de 2013, en Rio Azul de Salitre 50 finqueros
envalentonados por el alcohol atacaron durante la noche el rancho de una
familia recuperante de tierras. A uno de los compañeros que estaba en el lugar
le dispararon en una pierna y lo marcaron con hierro caliente como si fuera
ganado; otro sufrió la semi-amputación de tres dedos de su mano al intentar
protegerse de un machetazo dirigido hacia su cuello.
Durante el fin de
semana del 5 y 6 de julio de 2014, unos “150 no indígenas (hombres y mujeres)
invadieron el Territorio, persiguieron, dispararon armas de fuego, golpearon,
lanzaron piedras y palos a los pobladores indígenas, quemaron 3 viviendas y 2
campamentos de recuperantes en las comunidades de Salitre “centro”, Cebror y
Puente”, según el informe del Observatorio de Derechos Humanos y Autonomía
Indígena. Mientras el país miraba por televisión el partido de la selección
nacional de fútbol, que perdía contra Holanda en el Mundial de Brasil, en las
montañas de Salitre los finqueros y terratenientes se lanzaban a una cacería
humana contra familias indígenas que huían por el bosque.
En aquel momento, además, los usurpadores del territorio
bloquearon la calle de entrada con vagonetas de piedra y arena para impedir la
entrada de ambulancias, bomberos ni policías.
Agresiones similares que incluyen la quema de ranchos de
familias bribris, la intimidación con armas de fuego y la persecución por la
montaña se han repetido en otras ocasiones a causa de la impunidad que gozan
los agresores.
Es importante mencionar que las autoridades locales de
Buenos Aires, así como la policía, son poseedores ilegales de tierra dentro de
ese u otros territorios indígenas de la zona o son parientes de otros
usurpadores, de manera que, cuando se han denunciado agresiones contra la
población, el reporte policial dice que “todo está en orden”.
Sergio Rojas: preso
político
Mientras los agresores que han atentado contra la vida y la
integridad física de la población bribri, que además son ocupantes ilegales del
territorio, siguen en la impunidad, el Estado costarricense a través de la
Fiscalía Indígena ordena el encarcelamiento del compañero Sergio Rojas Ortíz,
presidente de la Asociación de Desarrollo Integral Indígena (ADI) de Salitre y
uno de los impulsores del proceso de recuperación de tierras.
Vale mencionar que Sergio había sufrido dos intentos de
asesinato en los últimos años a causa de la lucha que ha emprendido por la
recuperación del territorio junto con la población bribri de Salitre.
La acusación es por malversación de dineros (administración fraudulenta) que habrían sido
entregados por el Fondo de Financiamiento Forestal de Costa Rica a la ADI de
Salitre en el año 2012.
Pero independientemente de si hubo o no malversación de
fondos, hay varios aspectos que es importante señalar.
En primer lugar, la desproporción del operativo policial
para arrestar a Sergio y para llevar a declarar a otros miembros de la Junta
Directiva de la Asociación como si estuvieran detenidos. Hubo retención de
menores de edad así como otras violaciones a los derechos humanos.
Fueron casi 40 vehículos y más de 150 efectivos entre
jueces, fiscales, funcionarios judiciales y policías, entre los que se
encontraban miembros el Grupo de Apoyo Operativo. ¿Por qué no hubo un
despliegue similar para detener a los agresores que queman ranchos e intentan
asesinar a la población bribri?
Además, la Fiscalía solicita la prisión preventiva contra
Sergio porque podría entorpecer la investigación: ocultar evidencia o coaccionar
a las partes. Si los hechos de los que se le acusa sucedieron en 2012,
suponiendo que hubiera evidencia que ocultar, ¿qué le hubiera impedido hacerlo
durante estos dos años? La prisión preventiva no se justifica.
Se entiende que el encarcelamiento se da por razones
políticas. La malversación de fondos es sólo una excusa para sacar a Sergio del
territorio en el marco del proceso de recuperación de tierras. Es por eso que,
desde las organizaciones sociales y las comunidades y personas que apoyamos la
lucha por la tierra y la autonomía de los pueblos indígenas, se considera a
Sergio Rojas como preso político.
Continúa la impunidad
Con la detención de Sergio Rojas, los agresores y usurpadores de tierras han sentido un espaldarazo por parte del Estado. Esto los ha motivado a realizar nuevos ataques en contra de familias bribris que reclaman un pedazo de tierra para vivir y trabajar y que légitimamente les pertenece. Actualmente, estos matones mantienen control armado del territorio, entran y salen armados a pesar de ser reconocidos como agresores de las familias, constantemente hacen disparos al aire, entre otras acciones de indimidación hacia la población bribri.
Es importante mantenerse alerta, ya que es posible que durante la temporada de diciembre y enero se realicen nuevos ataques.